HARTÉ nació como una erupción. La necesidad urgente de hacer arte en medio del pluriempleo y la sobrevida cotidiana.

Cansada de la solemnidad del circuito tradicional, entendí que mis fotos no podían quedar cajoneadas ni perderse en el scroll de Instagram. Aprendí el oficio de enmarcar para dignificar esas imágenes en piezas terminadas a mano, con marcos dorados de museo y sin intermediarios.

Como sostenía Quinquela Martín, el arte debe retratar su tiempo y devolverse a la comunidad. Por eso mis obras tienen un valor casi simbólico: para que cualquier casa, bar o espacio común pueda exhibir lo que una vez iluminó este par de ojos